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¿Cómo podemos mejorar la prevención de plagas y enfermedades del césped, durante otoño e invierno?

Durante los últimos años, conseguir un control de enfermedades efectivo a lo largo de otoño e invierno se ha convertido en una tarea difícil pero indispensable. Los inviernos templados que hemos vivido recientemente prolongan unas condiciones ideales para el desarrollo de hongos. La presión implacable que suponen estas enfermedades, sumada a las altas expectativas de los jugadores sobre la velocidad y calidad de las superficies de los campos de golf y campos de deportivos, hace que los responsables del césped deban trabajar más duro que nunca para mantener sus superficies a salvo de ataques fúngicos y de otro tipo de mala hierbas, musgo y algas.
Los hongos patógenos infectan el césped y se alimentan de él para obtener la energía necesaria que les permita completar su ciclo reproductivo. Durante su nutrición, crecimiento y reproducción, producen daños que podemos observar en forma de manchas, lesiones de hoja o incluso con muerte del césped. Sabemos que los daños que infligen estos agentes patógenos pueden durar meses, lo que puede desembocar en la formación de lesiones y depresiones irrecuperables durante mucho tiempo. Si el ciclo reproductivo sigue su curso, las
esporas podrán dispersarse y desarrollar nuevas plagas, alimentándose y multiplicándose de nuevo. El ataque de estas enfermedades crece rápidamente y produce daños extendidos en el césped.
Las enfermedades que nos preocupan a todos en estos tiempos (Fusarium nivale, Rhizoctonia solani y la anthracnosis que afecta a las principales especies de Poa annua) se desarrollan extremadamente rápido debido a la alta velocidad a la que avanza su ciclo reproductivo cuando las condiciones son las ideales. El desarrollo rápido de la enfermedad y la posibilidad de que se produzca un daño general nos obligan a ser proactivos en nuestras medidas de control en periodos de alta presión de enfermedades. No podemos quedarnos sentados y
esperar.

Nuestra estrategia de control contra las enfermedades debe incluir una serie de tácticas diferentes…

  1. Gestionar las condiciones ambientales para minimizar el desarrollo de enfermedades. Reducir las sombras, mejorar la aireación, aplicar medios de dispersión del rocío, reducir el colchón, minimizar la compactación del suelo y considerar la instalación de drenajes.
  2. Emplear métodos que aumenten la salud de la planta permitiendo que resista o se recupere ante un ataque. Una nutrición óptima, la aplicación de las siegas necesarias o asegurar un corte limpio con unas cuchillas afiladas ayudará a reducir la probabilidad de que se produzcan daños ante los ataques de agentes patógenos.
  3. Aplicar productos que impidan directamente el desarrollo de patógenos (como los antimicóticos fosfito de potasio, azoxistrobin o sulfato de hierro entre otros).
  4. Centrarse en matar al patógeno con la utilización correcta de las tecnologías fungicidas.

Por tanto, básicamente, lo que hacemos es aplicar nuestros métodos de cultivo y gestionar las condiciones ambientales locales para reducir las posibilidades de un ataque rápido de las enfermedades. Pero incluso en años sin condiciones particularmente propicias para los ataques, la aplicación de fungicidas es esencial para controlar la población de patógenos y mantenerla por debajo de los niveles que causan daños generales, bajando la presión de la enfermedad. Lo importante de los fungicidas es que sepamos que no todos son iguales. Algunos fungicidas tienen ingredientes activos que trabajan desde el exterior de la planta y otros lo hacen desde el interior. Las distintas familias de fungicidas afectan a procesos bioquímicos diferentes y, por tanto, actúan sobre diferentes etapas del ciclo vital de la enfermedad. Dadas las diferencias entre productos, debemos conocer cómo trabaja cada fungicida, porque si no lo aplicamos en el momento adecuado, puede ocurrir que ya haya transcurrido la etapa del ciclo vital del hongo en la que el ingrediente activo es efectivo. Si esto ocurriera, la enfermedad podría seguir su curso aunque hayamos aplicado el fungicida.
Algunos fungicidas cuentan con varios ingredientes activos para abarcar de esta forma los distintos momentos del ciclo vital del hongo y así evitar este problema (por ejemplo, nuestros productos Instrata y Heritage contiene ingredientes activos que trabajan sobre diferentes etapas de la enfermedad). Es importante entender cómo funcionan los fungicidas para asegurarse un control efectivo de la enfermedad. Una de las condiciones clave para conseguir el éxito cuando aplicamos los fungicidas más modernos es aplicarlos de forma preventiva. Cuando el ingrediente activo del fungicida trabaja desde el exterior de la planta, lo hace actuando sobre las esporas. En este caso, conviene realizar una aplicación temprana del fungicida para inhibir la inoculación de la enfermedad antes de que las esporas tengan la oportunidad de desarrollarse e infectar a la planta. El control de enfermedades es realmente
mucho más fácil cuando se eliminan las esporas de los hongos.
Si el ingrediente activo del fungicida actúa en el interior de la planta, será preciso aplicarlo con la suficiente antelación para que sea absorbido por la planta antes de que se haya producido la infección y que así pueda protegerla en el momento del ataque. Los ingredientes activos de los fungicidas que actúan en el interior de la planta controlarán las infecciones preexistentes pero no repararán mágicamente los daños que ya se hayan producido. Esta es la razón por la que una aproximación basada en la prevención es siempre la mejor cuando se utilizan fungicidas, aunque necesitará saber cuándo es el momento correcto para aplicarlos.

El problema ante la aplicación de un tratamiento realmente preventivo es que el patógeno puede infectar a la planta y causar daños significativos al césped incluso antes de que podamos observar sus síntomas. Por tanto, puede ocurrir que trate las hojas con fungicidas cuando todavía parezca que no están afectadas, pero que la infección ya se haya producido. Esta situación puede afectar a la efectividad del fungicida incluso aunque la aplicación se haya realizado apenas con algunos días de retraso.

Para actuar de forma realmente preventiva, necesitará utilizar toda su experiencia y conocimiento de las condiciones que favorecen el desarrollo de enfermedades y así anticiparse y realizar una aplicación preventiva del fungicida justo antes de que empiece el ataque. Recuerde que sus métodos de cultivo ayudan a retrasar y ralentizar la aparición de ataques por hongos, pero que los fungicidas son necesarios para controlar activamente el patógeno cuando estos comienzan a crecer y alimentarse.
Para anticiparse al riesgo de infección y realizar una aplicación preventiva del fungicida completamente efectiva, necesitará predecir con precisión cuándo comenzará a desarrollarse el patógeno. Pero no debe preocuparse por sus dotes para la adivinación, porque gracias a Syngenta, contamos con modelos de pronóstico del clima y de enfermedades que pueden ajustarse a su ubicación.
Estos modelos están disponibles gratuitamente en el sitio web Greencast.co.uk. Al utilizar Greencast regularmente para monitorizar la predicción del riesgo de enfermedades e identificar los intervalos de aplicación de los siguientes días, puede estimar el momento perfecto para que su fungicida actúe con eficacia real. Si puede prevenir un ataque incluso antes de que este se produzca, tendrá más posibilidades de mantener su césped sano. La aplicación de fungicidas sumada a la realización de unas prácticas culturales adecuadas reducirá
la velocidad de regeneración de patógenos, lo que implicará una gestión del control de enfermedades robusta y equilibrada. En el caso de España y Portugal, no disponemos del
sistema de alertas Greencast, pero podemos monitorizar la presión de la enfermedad, gracias a los recursos que disponemos de nuestras estaciones climatológicas y las condiciones ambientales del campo. No hay que olvidar que el patógeno solo responde a unas condiciones que le permiten continuar con la infección y producir daños. El clima templado y húmedo crea una situación potencialmente peligrosa, especialmente cuando se refiere al desarrollo del Fusarium nivale durante el otoño y el invierno. No podemos darnos el lujo de «dejar dormir al césped» con la llegada de las primeras escarchas en otoño. Durante el año pasado, muchos campos llegaron a niveles máximos de Fusarium durante noviembre, diciembre y enero, así como Rhizoctonia solani y la anthracnosis. Cabe esperar que dos o tres aplicaciones de fungicida correctamente programadas, acompañadas de unas buenas prácticas culturales y la aplicación de productos preventivos como penetrantes, biocidas tipo SILK y bioestimulantes tipo Vitalnova sean suficientes para conseguir un control absoluto. Pero si la presión por enfermedades es alta desde septiembre hasta febrero, necesitará prepararse para realizar más aplicaciones. Una prioridad de su plan de mantenimiento es superar el invierno con sus plantas intactas, luego los presupuestos deben ajustarse a unos periodos más largos de presencia de patógenos.
Un control de las enfermedades adecuado es fundamental si queremos mantener los niveles de calidad de juego que los golfistas esperan en estos tiempos. Para tener éxito en su plan de gestión fitosanitario, necesitará aplicar diferentes tácticas en un plan de gestión fitosanitario integrado junto a productos como fertilizantes, biocidas y bioestimulantes.
Estas tácticas deben ser planteadas en un programa secuencial para ralentizar el desarrollo de la enfermedad y controlarla antes de que tenga ninguna oportunidad de ocasionar daños. Necesitará ser capaz de reaccionar a los problemas cuando se presenten y la utilización de modelos predictivos le ayudarán a afrontar la situación. Para que la aplicación de fungicidas sea efectiva, tendrán que emplearse las formulaciones adecuadas en el momento correcto. Es importante contar con una estrategia preventiva durante los periodos de alta presión
de enfermedades para mantener los céspedes limpios y asegurarse de que los principios activos de los fungicidas están trabajando en condiciones óptimas. Estudios independientes han demostrado que los céspedes en los que se aplican fungicidas y otros productos para reducir el estrés invernal de la planta, con carácter preventivo sufren menos lesiones y necesitan
menos aplicaciones que aquellos en los que se opta por una gestión reactiva ante la aparición de la enfermedad. Por tanto, en el control de enfermedades en estos tiempos necesita que tengamos una «mentalidad global».